El infierno vivido por la nieta de Serrat tras sentirse «intimidada» por un hombre

Luna Serrat viajaba en un AVE entre Huelva y Madrid junto a un hombre americano y relató «desde mi angustia, una de las situaciones más desagradables que he vivido nunca»


Luna Serrat, nieta del cantante Joan Manuel Serrat, ha utilizado su cuenta de Instagram para «contar desde mi angustia, una de las situaciones más desagradables que he vivido nunca». Luna, es periodista, y viajaba en Ave desde Huelva hasta Madrid. Cuatro horas de viaje por delante que, a priori, pintaban tranquilos. Sin embargo, todo se truncó nada más tomar asiento. «A mi lado un señor americano con pinta de pocos amigos, sin duda no era el compañero ideal para cuatro horas de viaje, nada más verme me chequea de arriba abajo y se ríe, me pongo nerviosa, saludo y me siento», relata Luna.

A través de varias historias de Instagram, la incomodidad ante la presencia de aquel hombre iba creciendo. «Llevaba una cantimplora que cada vez que la abría atufaba el vagón a alcohol, asustada se lo cuento a mis amgias, quienes no paran de escribirme ni un segundo», dice la chica. El estado de nervios siguió creciendo con la propuesta que le realizó su compañero de asiento. «El señor se pone a ver Cincuenta Sombras de Grey y me pide que la vea con él, su torpeza con el castellano me sirve de excusa y digo que no le entiendo, él insiste y yo me giro. En cada escena de sexo se ríe, me mira, me siento intimidada y a él le gusta», relata; y aunque reconoce que el hombre «ni le rozó», no fue necesario para que la hiciese sentir «desnuda».

Ante aquella situación, Luna decide taparse con el bolso y la chaqueta y apoyarse contra la ventana para sentirse lo más protegida posible ante la indefensión que aquel hombre le provoca con su mirada y sus gestos, «sin escuchar música y sin leer por miedo a quedarme dormida». Sin embargo él «seguía mirándome y gritando en cada escena en la que aparecía la chica en la cama, me ponía caras y me invitaba a ver la película con él», a lo que ella reaccionó espetándole un: «Te he dicho que no», como última frase cruzada con él.

El infierno que vivió Luna Serrat acabó con la llegada de un revisor. Tuvo que levantarse porque su maleta estaba mal colocada, momento que aprovechó para contarle, sin dar demasiados detalles, lo que le estaba sucediendo. No obstante, no hicieron falta detalles, «notó al segundo lo que estaba pasando, mis lágrimas y mi voz entrecortada lo decían todo», y reconoce que «no tengo ni idea de que hubiese pasado si me hubiese quedado todo el trayecto sentada, si me hubiese dejado en paz o no, si solo era un borracho o si se estaba riendo de mi. El caso es que nadie tiene que hacerte sentir intimidada», afirma rotunda.

El mayor alivio para Luna fue llegar a Madrid y sentir el abrazo de su madre, «era la única persona que quería ver», y ahora también contar la sensación de agobio que vivió por culpa de un hombre. «Siento la necesidad de contarlo, no me perdonaría que le pasase a mi hermana pequeña y que por vergüenza no me lo dijese, o que por que se crea la única no sea capaz de reaccionar». Luna se sintió víctima, amenazada por un hombre y espera que «ojalá sea la última vez que el miedo protagoniza mis textos», para acabar con una frase de Eduardo Galeano: «El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la libertad de la libertad de la mujer».

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