El secreto de algunos restaurantes «salvados» por Alberto Chicote

«Pesadilla en la cocina» intenta reflotar establecimientos, la mayoría al borde de la ruina, pero los dueños más avispados más tarde se aprovechan de ello

La Voz de Galicia
2018/07/04 22:54 h.

Alberto Chicote lleva desde el año 2012 intentando salvar de un cierre asegurado restaurantes a lo largo y ancho de toda España. En todos estos años se han encontrado con todo tipo de situaciones, algunas especialmente desquiciantes. Dueños que han perdido la paciencia y la motivación, descontrol en las cocinas y con los empleados, camareros con malos modos, personal que no se habla, e incluso en muchas ocasiones ha tenido que tirar de psicología y mano izquierda para intentar arreglar gravísimos problemas personales y familiares. Alberto Chicote ha hecho lo impensable por intentar sacar el pozo a numerosos establecimientos. Algunos tenían platos ricos, pero sus responsables no sabían ni entendían cómo llevar un negocio de este tipo, otros directamente ofrecían preparaciones incomibles, y en buena parte de otros muchos la suciedad en las cocinas y la mala conservación de los alimentos eran la tónica dominante de lo que se encontraban al llegar allí. Lo ha intentando casi todo, dejando los restaurantes por los que pasaba el equipo de Pesadilla en la cocina con un aspecto renovado, en unos casos más profundo que otros. A algunos les ha cambiado el nombres, pero en casi todos el trabajo de redecorar el establecimiento ha dejado locales mucho más actuales y renovados de los que se ha encontrado previamente.

Y esa es la baza que han usado algunos de los protagonistas de Pesadilla en la cocina para llevar a cabo la segunda parte del plan. La primera es contactar con el equipo del programa de La Sexta y narrarle los numerosos problemas que tienen. A veces el telespectador se asombra ante la franqueza con la que los protagonistas muestran, semana tras semana, las complicadas situaciones que están viviendo. Embargos, deudas astronómicas, familias que no se hablan o incluso se insultan ante la cámara, dueños que prefieren beber para olvidar que trabajar, y en resumen, vidas muy desordenadas, de personas que viven instaladas en un caos permanente y en un bucle interminable que en la mayoría de las ocasiones transmiten al telespectador que entiende que su caso casi está perdido. Pero Alberto Chicote consigue, al menos a primera vista, encauzar sus vidas y que se hagan cargo de sus problemas, por graves que sean. Con una carta renovada y el local con nueva decoración, el cocinero les anima a que con trabajo duro sean capaces de salir adelante.

Algunos lo han hecho, Pesadilla en la cocina ha vuelto en algunas ocasiones a restaurantes en los que el chef  Alberto Chicote había intervenido, y ha mostrado la realidad de los locales meses después de que el programa pasase por allí. Había de todo. Algunos consiguieron seguir la línea marcada por el cocinero e ir por el buen camino, aprovechando así la fama que les dio el programa. Otros terminaron cerrados, porque su situación terminó por ser insalvable.

Ahora, seis años después del comienzo de Pesadilla en la cocina ha empezado a salir a la luz la estrategia de algunos restaurantes, que como si de un plan perfecto se tratase, primero llaman al programa y más tarde, intentan traspasar el local, una vez que tienen una reforma recién hecha y cierta fama tras salir en televisión. No hay un caso único. El antiguo Osaka, renombrado como To-Toro, duró solo un par de meses, no se sabe si porque sus dueños no consiguieron salir a flote o porque ya tenían la jugada pensada de antes. Lo mismo ocurrió con La Broqueta, la hamburguesería de Alcoy que terminó siendo un kebab y también volvió al limbo del traspaso. Eso sí, pese a todo ello, el porcentaje de pillería y los locales que han tenido que cerrar, que son algunos, aún es menor que el de los que han sobrevivido gracias a los consejos de Alberto Chicote. Porque de este tipo de maniobras ya las inventaron mucho antes los concursantes de Gran Hermano, a los que la dirección del reality terminó por llamar la atención al descubrir que algunos cerraban acuerdos económicos con revistas o entrevistas previamente a entrar en el programa. Lo que no se sabe es si el contrato que firman con Pesadilla en la cocina, tiene alguna cláusula (o están pensando en ponérsela) para evitar este tipo de pillerías.

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