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La nueva vida de Urdangarin en Ginebra: el exduque asegura que tiene dificultades para llegar a fin de mes

El condenado por el Caso Nóos se ocupa de los niños, de hacer la compra y de colaborar con la empleada doméstica

Los exduques de Palma continúan haciendo una vida normal en su exilio voluntario en Ginebra. La condena a seis años y tres meses de cárcel que cayó bajo Iñaki Urdangarin apenas ha alterado su vida. La Justicia decidió no retirarle el pasaporte al considerar que tiene «arraigo suficiente en territorio nacional», por lo que considera que no existe riesgo de fuga. Así, tras acudir la pasada semana a la vistilla en Palma en la que también se desestimó la petición de la Fiscalía de que depositara una fianza de 200.000 euros, el exjugador internacional del balonmano se subió un avión para regresar a orillas del Ródano, en donde reside desde el verano del 2013 junto a su mujer y sus cuatro hijos en un barrio céntrico, muy próximo a la Universidad y a la catedral de San Pedro..

Según informa Vanitatis, el nuevo rol familiar de Urdangarin es encargarse de las cosas de casa. Acompaña a los niños y colabora con la empleada doméstica que trabaja en su domicilio; ya no tienen una interna, algo que el condenado por el caso Nóos ha lamentado con sus vecinos. También se encarga de hacer la compra. Urdangarin tiene especial predilección por un mercado de productos frescos, aunque como cualquier ginebrino cruza con regularidad la frontera a Francia para aprovecharse de los precios más bajos en el país vecino. Hay que ahorrar. Tal y como comenta con sus vecinos, la economía familiar «ya no es lo que era». Incluso lamenta que en ocasiones les cuesta llegar a fin de mes, recoge el portal especializado en corazón.

La única fuente de ingresos que entra en casa es la aportada por Cristina, que trabaja para la Fundación la Caixa, coordinando los programas de la entidad con agencias de la ONU, y también en la Fundación Aga Khan, de las que cobra unos 538.000 euros al año.  

 

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