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¿Por qué todo el mundo tiene la chaqueta amarilla de Zara?

Está en todas partes, un fenómeno masivo que alimenta la bola de nieve, pero también el rechazo a la prenda más popular de la historia de Inditex

Es el amarillo, pensarán algunos. Ya pasó con la camiseta de DHL de Vetements. Para los de la memoria de pez y aquellos a los que la historia les suene a chino, la firma de moda urbana del director creativo de Balenciaga, Demna Gvasalia, exihibió el pasado octubre, sobre la pasarela parisina, una prenda ruda, sin atisbo alguno de elegancia, con el logo de la popular empresa de transportes estampado en todo su esplendor en pleno esternón. Inexplicablemente, la propuesta, una camiseta de propaganda que si se la regalan no se la ponen, se agotó. Costaba nada más y nada menos que 235 euros. Se convirtió en el producto más exhibido del momento. Luego -causa/efecto- en el más codiciado. Y, después, en el más complicado de encontrar.

Es Inditex, apuntarán otros. Que se nos olvida la bufamanta, aquel híbrido de bufanda y manta de cuadros que en el invierno del 2013 se abrazó a los cuellos femeninos sin ningún tipo de pudor, que llegó a tener grupo propio de Facebook y que evolucionó hacia múltiples mutaciones, coleando una temporada más en tonos alterados.

Con todo, ninguna se acerca a la epidemia de la chaqueta amarilla, que suma ambos factores. Esa batidora que son las redes sociales se encarga del resto. Amarillo pollo, polipiel, muchas cremalleras, estilo biker, más corta que larga, Zara, sección mujer, está por todas partes. Calles, revistas, blogs. Facebook, Twitter, Instagram. Las rebeldes que prescinden por principios y gusto de la chupa de marras son ya las señaladas. Sus acólitos, índice alzado, se lo pasan pipa identificando a las diferentes y buscándose entre ellos sobre el asfalto, para inmortalizarse a continuación con el luminoso uniforme mostaza. Tanto, que hay quien achaca a este componente divertido el éxito de la prenda, que, a pesar de estar disponible en la web de la marca, alcanza hasta el doble de su precio original en plataformas de venta de segunda mano.

Facebook e Instagram aportan la capa de surrealismo que le faltaba al asunto. En la primera, el grupo Víctimas de la Chaqueta Amarilla de Zara presta apoyo a «todas aquellas víctimas de la #chaquetaplaga que invade las calles» y en la segunda @yellowjacketofficial funciona como altavoz de esta tendencia ya de masas. Pero la zamarra cuenta también con sus propios perfiles: @chaquetamarillazara, en la plataforma fotográfica y @ChaquetaZara, en Twitter. «Vengo del futuro para dominar el mundo de la moda», rezan sus respectivas cabeceras.

Cuando te das cuenta que no eres la única...? @urisabat #zara #chaquetaamarilla #bikeramarilla #viral

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Aunque salgan de otros colores sabéis que todas me tendréis a mi! ? #zara #bikeramarilla #lamejorchaqueta #seregalaconelchoped

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Pero por qué. Por qué ella y no otra. Qué tienes tú que no tenga yo. Directamente proporcionales a su alcance en entornos urbanos, hay teorías para dar y regalar. El estilista de moda de cabecera de la televisión actual, Josie, argumentó en Zapeando que es justo este fenómeno masivo el que le ha dado tanta cancha a la chupa. Verla en todas partes despierta la curiosidad, tenerla siempre presente abre el apetito. Invita a sentirse parte de una corriente.

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Influye, además, su precio asequible -39,95 euros- y, sobre todo, su color llamativo. Ahora, el hecho de estar hasta en la sopa es indiscutible, pero hace un par de meses su penetración seguramente no era mayor que la de otras cazadoras oscuras. Sin embargo, los ojos se van, inevitablemente, al tono vivo. A lo estridente. De su versión idéntica en color azul bebé y su evolución al rosa cuarzo nadie habla.

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